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JJ ESTRADA T.

JJ ESTRADA T.

August 2026— October 2026

La Galería Rebelde, Guatemala City.

El béisbol es el único juego cuyo objetivo es regresar. Todos los demás deportes empujan a sus jugadores hacia adelante, hacia una portería, una canasta, una línea al fondo del campo, territorio tomado y defendido. El béisbol los manda a salir y les pide volver. Noventa pies a la vez, en sentido antihorario, contra la dirección en que gira el reloj, el corredor trabaja en círculo para llegar al lugar donde empezó. La casa es a la vez origen y destino. Es la única estación del campo que no es una base sino un plato, la única que se niega al cuadro, pentagonal e irregular entre tanta geometría, hundida a ras del suelo para que nadie pueda robársela ni moverla. No se anota al salir. Se anota al llegar a casa.


Estrada dejó el juego hace unos veinte y tantos años. Volver a casa es la llegada y cierre de un ciclo, el destino armado con todo lo que costó llegar hasta él. La casa está construida con los pedazos del camino.

La estructura es más antigua que el juego. Partida, iniciación, regreso: el héroe cruza un umbral, es deshecho por las pruebas, y vuelve cargando algo que no habría podido encontrar en casa. Lo que los relatos antiguos insisten en señalar, y lo que casi siempre se olvida, es la dificultad del tercer movimiento. El regreso es la parte más difícil. Existe una negativa al regreso, una resistencia a traer el don de vuelta al mundo ordinario, porque el que vuelve ya no es reconocible para los que se quedaron, y la casa a la que llega no es la casa que dejó. El plato no se ha movido. El hombre sí. Esto no es una nostalgia y no es un regreso triunfal. Es el descubrimiento de que el circuito nunca fue un desvío de una vida, sino la forma misma de una vida, y que llegar exige un segundo valor, completamente distinto del valor que hizo falta para irse.


Ya no es lo mismo lo que esta en juego. Lo que queda cuando se le ha quitado la competencia, el público, la tabla de posiciones y el marcador es la devoción y el recuerdo, el juego sobrevive a su propio propósito y se convierte en un lenguaje para otra cosa.


En el béisbol el reglamento ofrece solamente dos condiciones. Estás safe, o estás out. Y solo se está a salvo en casa.